XXV AÑOS DE LA FUNDACIÓN MADRINA Donde la vida siempre está a tu lado
Hace veinticinco años, cuando el mundo corría más deprisa que la compasión, cuando la eficacia valía más que la ternura y el beneficio parecía pesar más que el ser humano, un hombre decidió hacer lo que solo hacen los que creen de verdad: quemar las naves.
Dejó la seguridad de la banca, el confort de las finanzas, el prestigio del mundo corporate, para fundar la entidad que más protegería la empresa más grande que puede sostener un país: la familia. Y en el centro de esa empresa, colocó a la madre, como un corazón, como la CEO de la vida, arquitecta silenciosa del porvenir de millones de niños.
Así nació la Fundación Madrina.
No en la comodidad de un despacho, sino desde la herida abierta de la pobreza.
No como un proyecto, sino como una respuesta viva de fuerza, vida y amor hacia los niños, y a quién está detrás de ellos, la madre.
No para administrar cifras, sino para defender la vida cuando es amenazada.
Nació cuando miles de mujeres llegaban con lo puesto: con miedo en los ojos, con un hijo en su barriga o en sus brazos, con el futuro hecho pedazos. Llegaban como muñecas rotas. Llegaban desde más de cien naciones, sin hogar, sin voz, con lágrimas en los ojos. Y Madrina las miró. Las llamó por su nombre. Las sostuvo. Les dijo lo que nadie se atrevía a decir: “No estás sola. Siempre estaré a tu lado. Tu hijo importa. Tu maternidad es digna. Tu vida tiene valor.”
Desde entonces, durante veinticinco años, cerca de un millón de madres y niños han encontrado aquí su segundo hogar. Un techo cuando no había techo. Alimento cuando no había pan. Medicina cuando no había salud. Escuela cuando no había futuro. Trabajo cuando solo existía la supervivencia.
La Fundación Madrina se ha convertido en el primer gran amortiguador social frente a la pobreza infantil. Donde la sociedad se quiebra, Madrina ha puesto sus manos. Donde la política duda, Madrina ha actuado. Donde el sistema falla, Madrina ha permanecido.
Más de cuarenta premios nacionales e internacionales han reconocido su labor. Pero el verdadero galardón no cuelga en vitrinas: camina por las calles, entra en las aulas, duerme en cunas, corre en parques, sueña con futuro.
Ha protegido la salud materno-infantil.
Ha alimentado cuerpos y ha devuelto la dignidad.
Ha acogido en casas y ha repoblado pueblos.
Ha ofrecido formación, empleo y emprendimiento para que ninguna mujer tenga que renunciar a su vocación, a su talento o a su sueño por ser madre.
Porque Madrina rescata para devolver al mundo mujeres fuertes, familias vivas, niños con futuro. No para encerrar, sino para levantar. No sustituye proyectos: los guarda hasta que pueden florecer.
Las madres lo dicen sin retórica:
Madrina es nuestro segundo hogar.
Es el paraguas que nos refugia de la tormenta.
Es la mano que nos acompaña en el camino de la maternidad.
Y así, durante veinticinco años, esta Fundación ha hecho algo que hoy parece antiguo y necesario “humanizar la sociedad”, poniendo fuerza, vida y amor por encima del cálculo, la persona por encima del sistema, la vida por encima de todo.
Hoy celebramos una historia que no se escribió con tinta, sino con sangre, sufrimiento y desprecio hacia el Fundador. Ahora convive con leche materna, mantas, cunas, cuadernos, y sobre todo, con lágrimas transformadas en risa. Celebramos una obra que no levantó muros, sino hogares. Que no acumuló poder, sino esperanza. Que acogió la adolescencia más vulnerable, con madres niñas desde los 11 años, y 12 años españolas.
La Fundación Madrina no es solo una institución, es una misión, una promesa cumplida.
La promesa de que ninguna madre camina sola. De que los niños «no deseados no queridos, pero muy queridos por Dios», nacen con un abrazo, el abrazo de Dios padre que elige lo que nadie quiere para salvar el mundo.
La promesa de que, la hoguera de un hogar siempre acogerá la soledad y la situación de calle, la promesa de la bienvenida.
Veinticinco años después, las naves siguen quemadas. No hay regreso posible. Porque quien ha elegido servir a la vida ya no puede vivir de otra manera.
Y mientras haya una madre con miedo, un niño sin hogar, sin alimento, con frío, una familia al borde del abismo, Madrina seguirá siendo el refugio, la acogida y la esperanza.
Porque hay empresas que mueven mercados.
Pero solo hay una que sostiene el mundo: la familia.
Y en su centro, como origen y destino, permanece la madre.
Y porque “cada niño rescatado, cada niño que nace, lleva consigo un mensaje: Dios todavía no ha perdido la esperanza en el hombre”.
Así, día a día, segundo a segundo, desde hace veinticinco años “late el corazón de la Fundación Madrina, por cada niño que nace y por su madre”.
Contacto:
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