Valencia, 13 de enero de 2026— Tres furgonetas de la Fundación Madrina, cargadas de juguetes, alimentos y mobiliario de fiesta, recorrieron este fin de semana varios municipios de Valencia, que todavía se recuperan de la letal Dana de octubre de 2024. Una tonelada y media de carne fresca, un millar de juegos y centenares de roscones de Reyes fueron repartidos entre la población vulnerable de La Torre, Algemesí, Catarroja, Benetússer y Torrent.
“Baltasar, el patinete… Baltasar, el patinete”, gritaba con insistencia uno de los cien niños citados en Xenillet, un barrio empobrecido de La Torre (Valencia), mientras tiraba de la capa de uno de los Reyes Magos caracterizados por la Fundación Madrina, encargados de repartir más de mil bolsas de juguetes –cada una con hasta cuatro artículos nuevos–.
Los juguetes han sido recogidos por la Fundación Madrina “a partir de donaciones privadas, de empresas, de recursos propios de la entidad y de eventos como la lluvia de peluches, donde se recogieron más de 3.000 peluches en el entretiempo de un partido de baloncesto del Club Estudiantes en el Movistar Arena”, resalta Conrado Giménez, presidente y fundador de Madrina.
Durante las primeras semanas del año, la sede de la Fundación se ha convertido en una franquicia del taller de los Reyes Magos, donde voluntarios de diferentes empresas y estudiantes de colegios de la capital española se han dedicado a clasificar por edad y género montañas de juguetes apiladas en el suelo.
Los paquetes se han entregado en múltiples convocatorias en el Banco del Bebe, ubicado en el distrito madrileño de Tetuán, así como en el poblado chabolista Cañada Real, pueblos vaciados de la periferia de Madrid y municipios de Valencia, donde la Fundación ha colaborado activamente desde octubre de 2024. “Nos hemos empeñado en que sean juguetes educativos y no hemos permitido los artículos bélicos como pistolas”, destaca Conrado Giménez.
La caravana de la Fundación Madrina instaló en cada punto de reparto una estación de pintacaritas y globos, además del altar para los Reyes Magos, que fueron caracterizados con atuendos de época. Los niños se abalanzaban a abrazarlos, se sentaban en sus piernas y les susurraban sus deseos y propósitos para el nuevo año. Las madres disfrutaban detrás del móvil, mientras retrataban a sus hijos en brazos de sus majestades, antes de recibir una rosca de Reyes para compartir en casa.
“Esto es mucho más que entregar un juguete, nos parece fundamental que sonrían. Hemos visto que muchas familias tienen secuelas o problemas psicológicos, por lo que esto forma parte de esa cura, de esa normalización”, destaca el presidente de la Fundación Madrina, frente a la casa cultural de La Torre, que desde hace más de un año funciona como centro de acopio y reparto para víctimas de la Dana.
“Lo que hemos vivido todavía nos cuesta: yo aún tengo pesadillas con el agua”, atestigua Vanesa Tejado Martínez, de 41 años, una de las mujeres que espera su turno para recibir la ración alimentaria, a quien la Dana “tiró toda la casa” en el municipio valenciano de Benetússer.
Detrás de ella, Sacramento Prado, un jubilado de 78 años, vuelve a recordar aquella noche en que decenas de coches “se apilaron como fichas de dominó” frente a su portal, arrastrados por la Dana. “Yo, por ejemplo, cuando se pone a llover, empiezo a temblar”, narra el adulto mayor, que afirma haber cobrado ayudas, pero no al ritmo que las necesita. “Siempre hemos perdido más de lo que no han dado, pero vamos resucitando poco a poco”.
Ninguno de los dos frecuentaba estas filas de reparto antes de la noche del 29 de octubre. “Yo pasaba por aquí, veía gente que lo necesitaba, pero nunca había estado en la obligación de venir”, revela Sacramento.
Subregistro de damnificados
La Fundación Madrina ha completado 14 meses de trabajo ininterrumpido en una veintena de municipios de Valencia que sufrieron los estragos de una de las peores tragedias naturales de la historia nacional. “Cuando hay un compromiso real de ayuda, las entidades permanecen hasta que se erradica el problema y nosotros hemos visto que todavía hay necesidades graves sin atender”, explica Conrado Giménez.
El presidente de la Fundación Madrina asegura que “hay al menos 20.000 familias que han sido damnificadas por la Dana, pero no han recibido ayudas porque no están registradas en ninguna base de datos. Muchos de ellos no tenían seguros, han perdido trabajos, han perdido coche, el lote o la vivienda”.
Francisca Rosi no solo perdió su coche, sino también los trabajos que encadenaba como empleada de limpieza doméstica para llegar a fin de mes. “Perdí todas las casas en las que estaba trabajando, entonces me he visto en la necesidad de venir a las colas de recoger alimentos”, añade a las puertas de uno de los puntos vecinales de caridad.
Francisca no acude solamente al reparto en La Torre, sino que otro día de la semana va también a Catarroja, otro municipio afectado por las inundaciones, y, en general, “a donde sepa que van a dar algo”.
La mujer asegura que solo ha cobrado 3.000 euros de ayuda, con los que no ha logrado ni reponer el coche que se llevó la riada. “Tengo amigas que tienen la casa a ras del barranco y aún no han recibido ninguna ayuda. O bien porque no tienen seguro o porque va esto muy lento”, zanja Rosi.
Respaldo a las asociaciones civiles
La red de apoyo que ha tejido la Fundación Madrina con asociaciones vecinales, colectivos civiles y oenegés en más de un año de intervención en la Comunidad Valenciana han facilitado la logística, el almacenamiento y el reparto de material humanitario entre la población de mayor necesidad.
A pesar de que los camiones del Estado dejaron de venir hace meses a estos talleres, estacionamientos, y bodegas reconvertidas en centros de acopio para la recuperación de la Dana, quienes operan estos puntos —muchos de ellos víctimas de la riada— mantienen las puertas abiertas y filas de residentes que aseguran depender de ellos para llenar su mesa.
Tras comprobar la continuidad y transparencia de la labor de algunas de estas asociaciones, la Fundación Madrina, con 25 años de experiencia en el tercer sector, quiere asesorar a estos espacios para que se conviertan en puntos asociados a los bancos de alimentos.
“Para ser benefactor del un banco de alimentos se requieren neveras, congeladores, determinados espacios, personal y un registro de cada una de las familias atendidas. Estos requisitos no los suelen cumplir estas nuevas asociaciones”, remarca Conrado Giménez, antes de añadir: “Queremos ayudarles con lo que necesiten materialmente, pero sobre todo con gestión directa con el Banco de Alimentos para ayudarlos a recibir comida. Incluso planeamos compartir con ellos el software que utiliza la Fundación para perfilar a las familias y fichar en las entregas”.
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- Conrado Giménez | presidencia@madrina.org | +34 619 717 565
